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martes, 24 de abril de 2018

LOS YANKEES Y LA TRIUNFALISTA Y FANTASMAL EUFORIA MODERNA

Apr 20, 2016; Chicago, IL, USA; Chicago White Sox third baseman Todd Frazier (21) tries to make a play on an infield single hit by Los Angeles Angels center fielder Mike Trout (not pictured) during the ninth inning at U.S. Cellular Field. The White Sox won 2-1. Mandatory Credit: David Banks-USA TODAY Sports


Por Andrés Pascual
Los Yankees determinaron las pautas cuando “lo eran de verdad”, marca registrada en intención y resultados: Ruth, Gehrig, Mantle, Dimaggio, Dickey, Berra, Mize, Meusel, Lazzeri, Koening, Richardson, Reynolds, Turley, Sccoter, Heinrich, Ford, Gómez, Howard, Bauer, McCarthy, Huggins, Stengel…todos esos nombres y otros que no escribo por acopio de espacio, cada uno, son la cara del beisbol, porque sin los Yankees, con perdón del incrédulo fanático “anti”, no se puede hablar del deporte más fascinante durante más un siglo para los americanos.
Los Bombarderos hicieron rentable al juego y lo pusieron en niveles de “vedette” de grandes ternas; durante décadas, el pasatiempo tuvo un nombre: LOS YANKEES DE NUEVA YORK.
Tan extraña, tan curiosa fue la “yankeemanía”, que acostumbraron al fanático a verlos a pupilo en las Series Mundiales sin aburrirlos, y a que sus jugadores de interés ocuparan turnos fijos o de sustitución en las alineaciones del Joven Circuito a los Juegos de Estrellas, además de prestarle al llamado Clásico de media temporada al manager que los dirigiera en la ocasión.
La guerra en el beisbol por el resultado final era contra los Yankees, señor mío, sin los inquilinos del Bronx no habría beisbol, nadie sabe por qué razón se convirtió este club en el corazón del juego, aunque todo lo relacionan con la llegada de Ruth y sus jonrones, y es posible, porque, individualmente, si le quita al Babe al juego no hubiera historia y sin este símbolo pues no hubiera franela rayada…
Pero también existieron en Nueva York los Gigantes, que tuvieron predominio mundial pre-Babe Ruth, y durante cinco años de la era del Bambino; que los dirigió el manager más grande conocido, John McGraw; que adaptó al beisbol a los cambios necesarios como “jugar con la bola viva”; que puso de moda el “hit and run”; que agrupó en sus 30 años al frente del club de Polo Grounds a varios de los mejores jugadores de la historia como Ott y Matty, sin embargo, dosis de interés magnífico, son parte de la historia del beisbol, pero…NO SON LOS YANKEES.
Un refuerzo para los Asesinos significaba otro anillo de la serpiente apretando la garganta enemiga; así, el mismo Babe Ruth, Herb Pennock, Sewell, Johnny Mize, Bob Turley, Vic Raschi, Héctor López…remataron al miura herido con sus apariciones en la franela blanquinegra como “espadas de puntilla”.
De pronto se debilita el club primado del beisbol por efecto de la competencia de otros clubes en base a “mucho dinero iguala y la meta es el mercenarismo agencia libre” y comienzan a invertir en peloteros que no rinden para las cantidades que les pagan, la debacle se ayuda por un rosario de escándalos variopintos, no importa que tuvieran en el róster a uno de los 3 mejores peloteros de la historia de la novena, a mi juicio, uno de los cinco más grandes y completos de la historia del juego, Derek Jerer, el Capitán de Capitanes, “el hombre que casi salvó al beisbol de la noche negra y trágica que no concluye”, porque no pudo solo con tantos conspirando contra la moral del club, nadie hubiera podido, ni Ruth…
Entonces se caen los ratings, se imponen otros deportes en sintonía y presencia en el estadio…señor, no es sospechoso ni curioso, con los Yankees fuera de la competencia se va a caer hasta el sol un día si no le ponen buenos soportes…
La ausencia del club de Ruth de “la serie grande” ha sido una puñalada trapera al juego y al fanático, porque se replanteó, se reafirmó: sin los Yankees no hay beisbol de audiencia, porque es el equipo del mundo, es la novena que se sufre o que se goza aunque haga picadillo al club local y este sentimiento es único y está ausente, desconocido en cualquier otra disciplina alrededor del mundo.
Todd Frazier (foto) es un veterano de 7 temporadas a los 31 años de edad, adquirido reciéntemente los Yankees, un tercera base que sus promedios más altos han sido dos veces .273, que jamás ha impulsado 100 carreras, que dio 40 jonrones el año pasado y yace en una cama del hospital “mediocridad” con anemia perniciosa de .207 de average, pero ha movido los titulares de tal forma increíble que, por el desarrollo de la media cómplice en el derrumbe del beisbol, supera el jolgorio y la algarabia de cuando llegó Babe Ruth desde Boston a Nueva York ¿Es posible?
Observe los promedios generales de Frazier, recibido con más bombo y platillos que Montgomery en Londres en 1945: .247 de average .318 embasamiento .461 de slugging y .779 por suma de totales. Su fildeo es reflejo de “ni fu ni fa” por .965.
Lo que quiero decirle después de este cuento que no va a causar ningún efecto, es que la media de hoy ha acostumbrado al fanático a ser poco reflexivo, a no contener sus emociones, a permitir que inunde el fuego fatuo su esperanza y a desequilibrar el viejo precepto “sea cuidadoso en el elogio”, porque, sin negatividad inservible ni complejos febriles ¿Debiera causar el revuelo, el torbellino mediático que logró el cambio desde Chicago a los Yankees en medio de una operación múltiple de alto riesgo de un jugador que, por lo que se aprecia, no alcanzará nunca la estatura de Nettles ni de Boggs?

El regreso de Junior Guerra


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El emergente
Ignacio Serrano



Pocos aficionados lo recuerdan, pero Junior Guerra fue el mejor pitcher venezolano en 2016. Aunque Francisco Rodríguez salvó 44 juegos para los Tigres, Carlos Carrasco ponchó a 150 rivales en 146.1 episodios con los Indios y Félix Hernández tuvo su undécima temporada consecutiva con al menos 25 aperturas para los Marineros, el guayanés puso los números más notables y se ganó anticipadamente el derecho de abrir el Día Inaugural por los Cerveceros, en 2017.

Es grato ver de regreso a aquel buen monticulista que tanto disfrutamos.

La campaña apenas está empezando y la muestra es muy pequeña. Nada puede ser visto como un hecho conclusivo. Pero las tres aperturas que el guayanés ha realizado en esta zafra ofrecen motivos para el entusiasmo, especialmente tras recordar que Milwaukee prefirió enviarlo a Triple A en el el Spring Training, al no tener cupo arriba y quedarle en su contrato una opción para ser bajado.

Es imposible no sentir empatía con este guerrero, que al menos dos veces estuvo cerca de la recta final en su carrera y hoy forma parte de la rotación de los lupulosos, con 0.56 de efectividad y casi un ponche por inning en 16.0 entradas.

Guerra se convirtió en lanzador en 2006, a los 21 años de edad. Antes era receptor. Y aunque le tocó esperar demasiado tiempo, hasta graduarse en 2015, a los 30 años de nacido, está aprovechando el tiempo que le queda.

No ha permitido jonrones esta zafra. Es una consecuencia de sus envíos hacia el suelo, que han logrado casi 40 por ciento de batazos por el suelo, además de otro 20 por ciento por el aire, pero en el infield, de acuerdo con Fangraphs.

Únicamente van tres salidas, pero es imposible no recordar su primera experiencia con Milwaukee, cuando dejó 2.81 de promedio, marca de 9-3 y casi 9 fusilados por cada 9.0 actos

Aquella vez hizo 21 presentaciones, con 14 comienzos. También empezó en Triple A, aunque fue llamado en mayo. Logró más de dos chocolates por cada pasaporte, nada impresionante, pero se las arregló para aislar los cuadrangulares, al permitir 0,7 por cada 9.0 episodios.

Guerra ha recuperado aquellas tendencias, tras una justa para el olvido, que inició con una lesión el Día Inaugural y que incluyó su regreso a las Menores, en medio de una crisis de inefectividad.

“El problema fue no ser consistente, no lanzar strikes bajito en la zona, ni mantenerse saludable”, comentó el manager Craig Counsell hace poco más o menos una semana, al analizar lo que está haciendo diferente el guayanés. “Esa consistencia que muestra hoy hace que se parezca mucho más a aquel lanzador de antes”.

Pocos boletos, ningún jonrón y muchos roletazos explican el desempeño actual de Guerra, que en su primera justa con su actual novena tuvo una efectividad ajustada de 152, o lo que es igual, 52 por ciento mejor que los pitchers de la Liga Nacional en los estadios donde cada quien jugó.

Ese sigue siendo el punto de referencia para el bolivarense. Únicamente cinco pitchers criollos han cerrado con 152 de efectividad ajustada o más en una campaña, con suficientes innings como para aspirar al liderato de efectividad. Todos han sido figuras: Johan Santana, Félix Hernández, Carlos Carrasco, Aníbal Sánchez y Carlos Zambrano.

Guerra está de vuelta en ese nivel que enseñó entonces. Será divertido verlo en este retorno.

Columna publicada en El Nacional, el martes 24 de abril de 2018. 

Los Dodgers sacan del roster a Wilmer Font y lo ponen en asignación


Los Dodgers de Los Ángeles anunciaron la noche de este lunes que el lanzador derecho Wilmer Font fue retirado del roster y puesto en la lista de asignación, luego de seis encuentros y 10.1 innings en los que dejó 11.32 de efectividad, con dos derrotas, ninguna victoria y ningún salvado.

La gerencia de los esquivadores dispone ahora de siete días como máximo para decidir cuál será el plan a seguir con el venezolano nacido en La Guaira. Pueden dejarlo en libertad, cambiarlo de equipo o pasarlo por waivers, en caso de querer mantenerlo en la organización como jugador de Ligas Menores.

Su relación de siete ponches y un boleto, que además fue intencional, le auguraba mejores cosas al varguense, pero recibió 18 hits en esos seis relevos y en total le fabricaron 13 carreras.

Font tiene 12.86 de efectividad desde que fue subido en septiembre pasado.

Resaltó el diario Los Angeles Daily News que ese es el segundo promedio de carreras limpias permitidas más elevado en la historia de la franquicia, contando desde 1884 a aquellos lanzadores que al menos han acumulado 10.0 entradas de labor con el uniforme azul.

"Sabemos que hay algún interés en el allá afuera, en el mercado", declaró al periódico el manager Dave Roberts. "Con suerte podrá encontrar en algún lado un equipo que le ofrezca algo en las Mayores".

Epstein: David Ortiz pidió ser cambiado por los Medias Rojas en el 2003

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Después de tres anillos de campeón y más de 500 jonrones, es difícil imaginar que los Medias Rojas una vez agonizaron sobre la decisión de poner a jugar a David Ortiz o a Shea Hillenbrand.

Ese fue el debate en la gerencia de Boston durante la temporada del 2003. El dominicano Ortiz había sido firmado en enero de ese año, luego de que los Mellizos no le ofrecieran contrato tras una línea ofensiva de .266/.348/.461 y 58 cuadrangulares en 1,693 visitas al plato. Hillenbrand venía de un 2002 en que fue convocado al Juego de Estrellas. Y con Kevin Millar y Bill Mueller encargándose de la primera y la tercera, respectivamente, el gerente general Theo Epstein tenía que tomar una decisión bien difícil.

Lo explicó de la siguiente manera el ahora presidente de operaciones de béisbol de los Cachorros:

"David Ortiz dio apenas dos jonrones en los primeros (dos meses) de la temporada del 2003 y a mediados de mayo, mandó a su representante a pedirme un cambio a otro equipo donde pudiera jugar de manera más regular", contó Epstein en el programa Executive Access de MLB.com. "Fernando Cuza vino a hablar conmigog y le dije en ese momento a Cuza que David era alguien que queríamos que agotara turnos a diario, pero que necesitábamos hacerle algunos ajustes al roster. Terminamos cambiando a Hiillenbrand en vez de David Ortiz, así que ya podemos ver que fue una buena decisión. David empezó a jugar de manera regular y terminó dando casi 30 jonrones en la segunda mitad de la campaña. De ahí comenzó a convertirse en Big Papi".

Hillenbrand fue enviado a Arizona a mediados de mayo por Byung-Hyun Kim a finales de mayo, Ortiz terminó la temporada con 31 vuelacercas y al año siguiente los Medias Rojas ganarían su primera Serie Mundial desde 1918.

lunes, 16 de abril de 2018

Roberto Estalella, primer hispano de Triple Corona en el Beisbol Organizado

Por Andrés Pascual
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Roberto “Tarzán” Estalella (Cárdenas 1911-Hialeah 1991) fue el segundo gran jugador de posición cubano e hispano en el Beisbol Organizado; el primero fue Armando Marsans, uno de los dos pioneros, junto a Rafael Almeida, cuando ya existían ambas ligas; primer bateador de .300 y primero en recibir votos para el MVP en Grandes Ligas durante la década 1910-20. Pero Marsans jugó pocos años.

A Estalella, cuando fue cambiado por los Senadores de Washington a los Elefantes Blancos de Connie Mack en 1943 junto a Jimmy Pofahl y dinero por Bob Johnson, que había jugado en el Juego de Estrellas del año anterior por la Liga Americana, el Viejo Zorro de los Atléticos lo presentó como un nuevo Al Simmons que, si no comete la equivocación de irse a la Liga Mejicana, hubiera continuado el desarrollo ascendente de su carrera en Grandes Ligas, porque sus mejores años fueron los tres previos a 1945, cuando dio el paso en falso, en los que había jugado 100 ó más juegos en cada una de esas temporadas con promedios superiores a .285 actuando en la esquina caliente y en los jardines del viejo club.
A Mexico fueron jugadores cubanos que cometieron un error garrafal, porque se hubieran impuesto en las Mayores, no solo Estalella, sino Adrián Zabala perdió la oportunidad única con los Gigantes; otros jugadores como Agapito Mayor, Mario Fajo o Chito Quicutis, que no tenían etiqueta de bigleaguers, tal vez hicieron bien; pero, quizás Jorge Comellas y, sobre todo Julio Moreno, tampoco hicieron bien las cosas. Para justificar la falta de clase que les hubiera impedido jugar en grandes ligas, muchos que no actuaron en ese nivel decían que “nadie se podía negar ante tanto dinero…”
Pero Estalella sí desperdició con la ida a la Mejicana y la posterior suspensión como renegado una carrera que pudo ser brillante.
En 1938, jugando para el Charlotte clase D de la Piedmont League, el matancero ganó la Triple Corona de Campeón de Bateo por primera vez para peloteros cubanos e hispanos en el Beisbol Organizado, al concluir la campaña con 38 jonrones, 123 impulsadas .378 de promedio, total de 325 bases recorridas y .754 de slugging.
Sin embargo, no fue esa la única gran temporada del Tarzán cardenense: en 1949, con el Minneapolis de la Asociación Americana, el mismo con el que 11 años antes había ganado Ted Williams la Triple Corona a los 19 años, Estalella produjo para .341 con 36 dobles, cinco triples, 32 jonrones y 134 empujadas.
El cubano estuvo en el Beisbol Organizado, incluyendo 9 temporadas en grandes ligas, desde 1934 al 1951 y en las Menores bateó 8 veces sobre .300; tuvo cuatro campañas con más de 30 jonrones y 1 sobre 20, además de que en 6 impulsó a más de 100 corredores. Su último buen año en Estados Unidos, luego de cumplir la sanción de las grandes ligas, fue en 1947 con el St. Jean de la Liga Independiente en que bateó .374 con 17 dobles, 2 triples, 24 jonrones y 101 empujadas en 321 veces al bate.
En 1942, el Jíbaro Luis Rodríguez Olmo se llevó la Triple Corona jugando para el Richmond de la Liga Piedmont, convirtiéndose en el segundo hispano en ganar el premio.
En 1950 Silvio García la obtuvo jugando para el Sherbrooke clase C de la Liga Peninsular con números como 21 jonrones, 116 impulsadas y .365 de promedio.
En 1956, con el St. Cloud clase C, también de la Peninsular, el puertorriqueño Orlando “Peruchín” Cepeda la conquistó por batear 26 cuadrangulares, enviar 112 corredores al plato y promediar .355.
En 1959, que fue opacado injustamente en Cuba por la victoria de los Cañeros de los Cubans en la Pequeña Serie Mundial contra el Minneapolis, el inicialista Frank “Panchón” Herrera se la llevó a su casa en el pueblo habanero de Santiago de Las Vegas por 37 jonrones, 128 impulsadas y .329 de promedio, jugando para los Bisontes de Búfalo de la Liga Internacional clase Triple A
Hasta 1962 y desde que en 1940 la obtuviera Cool Papa Bell, en la Mejicana la han ganado Wild Bill Right en 1943; Angel Castro en 1951; el cubano René González en 1952; el norteamericano Alonzo Perry en 1956; Claudio Solano, de la Liga Arizona-Mexico, en 1957 y Ramiro Caballero, de la Mejicana Central, en 1962.
Como adjuntos de interés, en 1956 Ken Guttler, jugando para el Shereveport de la Piedmont, bateó 62 jonrones y empujó 143, pero su promedio de .293 no fue suficiente para liderar la liga.
Quien si lideró la Longhorn clase C con el Roswell en los tres departamentos de Triple Corona fue Joe Bauman en 1954, en la que se puede considerar acaso la mejor temporada de bateador alguno en cualquier liga del mundo. El tipo produjo para 72 jonrones, 224 carreras impulsadas y .400 de promedio.

Ollie Brown / bio


Tal dia como hoy  16/04/2015  fallecìa el Oitfielder  Ollie Brown

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Ollie Brown jugó 13 temporadas en las Grandes Ligas. Él era principalmente un jardinero derecho. En su mejor temporada con el bate, conectó 23 jonrones con 89 impulsadas y un promedio de bateo de .292 para los Padres de San Diego de 1970 , un equipo que bateó .246 en general mientras jugaba en un parque de lanzadores.
Ollie nació en Tuscaloosa, Alabama , una ciudad que también fue el lugar de nacimiento de otros jugadores de grandes ligas como George Foster , Butch Hobson y Lee Maye . Ollie asistió a la escuela secundaria en Long Beach, California, e irrumpió en las menores a los 18 años, mejorando a medida que avanzaba en la cadena.
Brown pasó 1962 como un jardinero para los Salem Rebels y Decatur Commodores . Al regresar a Decatur en 1963, Brown pasó 12 juegos en los jardines, pero también comenzó 21 juegos en la rotación. El 13 de agosto , lanzó un juego sin hits contra los Senadores de Wisconsin Rapids ganando 8-0. En 1964 con los Fresno Giants bateó 40 jonrones y bateó para .329. Eso le valió un movimiento hasta la bola AAA , donde bateó 27 jonrones para Tacoma. Obtuvo una oportunidad en las mayores en septiembre de 1965 con los Giants de 1965 , un equipo que ya tenía a Willie Mays , a Jesús Alou , a Matty Alou , a Len Gabrielson.Ken Henderson en el jardín. A pesar de eso, Ollie hizo equipo la temporada siguiente y tuvo un tiempo de juego sustancial en 1966-67. Él estuvo abajo en las menores durante parte de 1966 y 1968.
Fue la primera selección de los Padres de San Diego en el draft de expansión de 1968 , y se convirtió en un habitual de los Padres en 1969-71. 1972 lo encontró con tres equipos separados (Padres, A's y Cerveceros) antes de pasar 1973 con los Cerveceros. En 1974 estuvo con dos equipos (Astros y Filis) antes de cerrar su carrera en 1975-77 con los Filis, un equipo que ganó su división en 1976-77. Con los Phillies de 1975 , publicó una línea de .303 / .369 / .510 en 161 apariciones en el plato.
Él es el hermano mayor de Oscar Brown . Otro hermano, Willie Brown, jugó en la NFL con los Rams y Eagles. Ollie tenía un cañón de un brazo en el jardín derecho. Más tarde en su carrera se convirtió en un bateador emergente de primera con los Filis de Filadelfia de fines de la década de 1970 .

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Cuando las Estrellas Negras cautivaron Venezuela

Cuando las Estrellas Negras cautivaron Venezuela

El emergente
Ignacio Serrano

El legendario Josh Gibson en Maracaibo,
con el uniforme del Centauros
Faltaba poco menos de dos años para que Jackie Robinson debutara en las Grandes Ligas, cuando pisó suelo venezolano como parte de aquel equipo de grandes peloteros afroamericanos que los promotores de la gira bautizaron American All-Stars, y que el pueblo beisbolero, con mayor precisión, denominó sucintamente “las Estrellas Negras”.

Robinson era parte de una selección de jugadores brillantes, que vinieron a Caracas y Maracaibo a ganarse el pan, literalmente. Las Ligas Negras estaban en su apogeo y el deporte de los diamantes empezaba a convertirse en nuestro pasatiempo nacional.

Leyendas a quienes la segregación racial impidió jugar en las Mayores veían en el Caribe una forma de completar sus ingresos. Muchos bigleaguers blancos debían trabajar en el invierno boreal, y lo hacían en granjas, tiendas, estaciones de gasolina, incluso en cementerios, y algunos se alistaban en la pelota de estas tierras. Pero como los salarios en las Ligas Negras eran más bajos que en la MLB, la necesidad era más grande y relación se estrechó.

El cubano Martín Dihigo, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, vino en los tiempos de la Primera División, antes de regresar como estratega para dirigir al Caracas. Josh Gibson, quizás el mejor de todos los tiempos, mostró en estos pequeños parques ese poder que llevó a compararlo con Babe Ruth. Cocaína García y Alejandro Oms cautivaron a la naciente fanaticada en aquellos tiempos de equipos semi profesionales, donde amateurs convivían con importados y con astros nativos que iban de la capital a Maracaibo o a Barquisimeto, según el contrato que pudieran negociar.

Fue esa visita del American All-Stars lo que amarró de manera definitiva unos lazos que hoy forman parte de la historia romántica del circuito local.

La gira duró del 24 de noviembre de 1945 al 4 de enero de 1946. Durante seis semanas, la afición asistió al estadio Cerveza Caracas y luego al Olímpico marabino, llenando las tribunas con emoción. Allí estaban Roy Campanella y Buck Leonard, que también tienen placas en Cooperstown.

Campanella, Leonard, Roy Welmaker, Sam Jethrow, Quincy Trouppe, Bill Anderson, Parnell Woods y Bill Jefferson se quedaron.

La fiebre desatada por los Héroes del 41, el resurgimiento del “purocriollismo”, la naciente rivalidad entre caraquistas y magallaneros, todo contribuía a la consolidación de un nuevo proyecto que nació legalmente durante la gira de las Estrellas Negras y cuya inauguración quedó fijada para ese 12 de enero: la LVBP. Y los empresarios del Venezuela, Vargas y Magallanes vieron en la nómina itinerante una mina para sus propios rosters.

Campanella fue uno de los grandes protagonistas de aquel campeonato inaugural y del siguiente. Don Newcombe y Verdel Mathis vendrían en 1947, y Newcombe brillaría con 10 victorias y 14 juegos completos, antes de conseguir la puerta abierta en la MLB.

Abelardo Raidi aseguró en su célebre Pantalla de los Jueves, que por más de medio siglo publicó en El Nacional, que Juan Rafael Regetti le ofreció un contrato a Robinson para ser parte del Vargas. No se quedó, sin embargo. Nadie sabía que ya había cerrado el histórico acuerdo con Branch Rickey que le permite al beisbol celebrar este 15 de abril, una vez más, la caída de la absurda barrera racial en las Grandes Ligas.

Columna publicada en El Nacional, el domingo 15 de abril de 2018.