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viernes, 16 de febrero de 2018

Anthony Rizzo en Vigilia en Parkland: 'Todos estamos en duelo con ustedes"

PARKLAND, Florida -- Un día después del trágico tiroteo escolar en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, el jugador estrella de los Cachorros de ChicagoAnthony Rizzo, hizo un llamado a un cambio.
''Aunque no tengo todas las respuestas, sé que algo tiene que cambiar'', dijo Rizzo, hablando el jueves por la noche en una vigilia a la luz de las velas para las víctimas de la masacre, ''antes de que esto suceda en otra comunidad, y en otra comunidad, y en otra comunidad''.
Rizzo, graduado de la generación 2007 de Stoneman Douglas, dejó el campamento de entrenamiento de los Cachorros en Arizona el miércoles y voló de regreso a su ciudad natal de Parkland, donde el jueves fue uno de unas dos docenas de oradores que se dirigieron a una multitud de miles que salió a mostrar su apoyo en el Anfiteatro Parkland.
''Regreso a casa a Parkland, a lo que debería ser la primera preocupación de todos y eso hay que mostrarlo a nuestros hijos, a los estudiantes de Stoneman Douglas y del Condado de Broward y de todo el país, de que nos preocupamos por sus vidas y su futuro. Me ha impresionado mucho hablar con los estudiantes y cómo se están cuidando mutuamente y cómo se están uniendo. Estoy muy agradecido con los profesores, los entrenadores, la administración y con todos los socorristas que intentaron protegerlos''.
Usando una camisa polo negra con una cinta roja sobre su pecho al lado derecho, Rizzo estaba sentado en el escenario del anfiteatro junto con líderes espirituales, funcionarios del gobierno y familiares de fallecidos. El pelotero de 28 años de edad participó en una ceremonia desgarradora a la iluminación de las velas, ya que los nombres de las 17 víctimas fueron leídos en voz alta. Poco después, tomó el podio y habló durante cuatro minutos, prometiendo su apoyo a una multitud emocional que incluía a su madre, padre y prometida.
''Solo soy quien soy por esta comunidad. Sólo quiero que todos ustedes sepan lo orgulloso que estoy de ser parte de esta comunidad. Quiero que sepan que no están solos en su dolor. Todos estamos en duelo con ustedes. Todo el país está de luto con ustedes. Así que cualquier consuelo que pueda dar, lo daré. Cualquier apoyo que pueda ofrecer a nuestros estudiantes, maestros, entrenadores, familias y socorristas, lo tendrán''.
Parkland and Coral Springs please stay strong! This is out of control and and our country is in desperate need for change. I hope In this darkest of times back home this brings everyone together and we can find love. You’re all in my prayers 🙏🏻🙏🏻
Rizzo mostró su apoyo durante una hora de la ceremonia del jueves, levantándose varias veces para unirse a ovaciones estruendosas como la que se le dio al Sheriff del Condado de Broward, Scott Isreal, y otras que se hicieron apasionadamente con súplicas para ''leyes de armas de sentido común''.
''Prometo que vamos a estar de luto, duelo y afligidos por un tiempo'', dijo Rizzo durante su discurso. ''Somos humanos. Pero prometo que las cámaras se van a mover. Las exigencias de la vida cotidiana se volverán a entrometer. Las clases empezarán de nuevo. Las estaciones van a cambiar, y el sol va a subir. Y sólo nos quedaremos el uno al otro. No sabemos quién esconde su tristeza o sentimientos de culpa y soledad o quién necesita ayuda y es demasiado orgulloso o tiene miedo de preguntar. Así que tenemos que estar allí el uno para el otro, tenemos que lidiar con nuestro dolor, y tenemos que vivir el dolor del otro. Tenemos que ser las mejores versiones posibles de nosotros mismos''.

Después de concluir la vigilia, Rizzo se negó a hablar con los medios. No se sabe cuánto tiempo permanecerá en Parkland, antes de reintegrarse con los Cachorros en Arizona.

martes, 13 de febrero de 2018

EL PODER DE LA FE Y LA VOLUNTAD EN EL DEPORTE (I)



PETE GRAY SWING
Por Andrés Pascual
El primer manco en jugar en Grandes Ligas no fue Pete Gray, sino Hugh Ignacio Daily (Nacido Harry Criss en Irlanda en 1847, fallecido después en ¿1927?), pitcher que perdió media extremidad a temprana edad y pudo lanzar para 7 clubes en las Mayores de entonces, uno de estos los Bisontes de Búfalo (1882, año del debut y los Cleveland Blues en 1887, último de su carrera), sin embargo, por su voluntad, por su recia personalidad y por su FE, ambos lograron lo que muchos hombres normales no pudieron: jugar en la cima de su deporte favorito.
Antes de continuar, Daily lanzó un no hit no run en 1883 y lideró la Unión Asociación en ponches en 1884 con 483, además de que abanicó a 19 bateadores en un juego.
Cuentan que a Gray (foto), lo motivó el jonrón que Ruth le dio al serpentinero de los Cubs Charlie Root, después de señalar hacia el rightcenter; allí, donde depositó el pellejo el Bambino, el joven de 15 años se encontraba sentado con su padre.
Horas antes, Pete Gray se consideraba perdido para su deporte preferido, al que amaba como nadie en condiciones normales, entonces la ovación que recibió el artillero provocó el impulso que el jovencito necesitaba para someter su handicap.
Empezó en un equipo semi-pro en Pennsylvania y el Three Rivers, de la Liga Canadá-USA le dio una oportunidad, en 1945 los Carmelitas de San Luis compraron su contrato, lo demás es conocido…
El fenómeno Pete Gray provocó que cientos de niños con un solo brazo fueran a los estadios a ver al jugador, contribuyendo el éxito del outfielder a moldear personalidades que pudieron salir del complejo provocado por la tragedia física y competir en el terreno a que los condenaba la oscuridad social y del valle de lágrimas por la inferioridad.
El caso Pete Gray lo politizaron los comunistas americanos y sus influencias de todas partes, que olvidaron el reflejo, el impacto humano en la niñez necesitada de estímulo ante la tragedia personal, cuando criticaron y critican al Acuerdo de Caballeros con expresiones como “”permitieron un manco y no firmaban negros…”, típico de gente que les importa poco cómo puede mejorarse la condición humana.

domingo, 11 de febrero de 2018

La fallida candidatura de Cabrera al Salón de la Fama nipón

El hecho de que el venezolano Alex Cabrera apenas recibió 10 votos en su primer año de elegibilidad al Salón de la Fama del béisbol japonés, y de que además esa cifra lo eliminó de la boleta por ser inferior al 3% del total, ha sorprendido a muchos de nuestros seguidores.

   Si sus números fueron buenos y fue una gran estrella mientras jugó en Japón, ¿por qué entonces no desean elegirlo al panteón de los inmortales de la pelota local? La respuesta es sencilla: su candidatura no alcanzó el nivel necesario para justificar su elección.

   Sus totales fueron buenos, sin duda, pero no tan sólidos como los de los otros candidatos que sí han sido exaltados. Además, ese no es el único parámetro a tener en cuenta. Tal como ocurre con el Salón de la Fama de las Grandes Ligas, su comportamiento tanto dentro como fuera del terreno, su caballerosidad, deportividad, popularidad y el respeto que se ganó en ese circuito también influyen mucho en la votación.

Compilación de jonrones de Alex Cabrera de la temporada 2002

   Analicemos primero sus números. Conectó 357 jonrones, remolcó 949 carreras y bateó para .303 en las 12 campañas que disputó en el circuito y además ganó un título de jonrones, uno de empujadas, un JMV, un Guante de Oro, fue electo 5 veces al Equipo Ideal de la temporada y participó en 5 ocasiones en la Serie de las Estrellas.

   A simple vista, esos totales lucen muy bien, pero no ocurre lo mismo cuando los ponemos en perspectiva. En lo que a cuadrangulares se refiere, ocupa el puesto número 28 de todos los tiempos y este año caerá el 29. En cuanto a las remolcadas, ni siquiera está entre los primeros 40, y si bien su promedio de .303 es el décimo sexto mejor de la historia muchos argumentarán que es más fácil mantener esa cifra en apenas 12 campañas que en 20.

   Por citar un ejemplo, comparemos sus números a los de Tomoaki Kanemoto, el actual manager de los Tigres de Hanshin, quien fue exaltado al Salón de la Fama nipón a principios de este mes.

Compilación de jonrones de Tomoaki Kanemoto de la temporada 2005

   El popular toletero sonó 476 cuadrangulares en su carrera en la NPB, remolcó a 1,521 compañeros, anotó en 1.430 ocasiones y sumó 2.539 hits, además de ganar un título de empujadas, uno de anotadas, un premio al JMV, ser electo 7 veces al equipo ideal de la campaña y participar en 11 oportunidades en la Serie de las Estrellas.

   Las cifras totales de Kanemoto son claramente mejores, pero eso era de esperarse porque su carrera en el circuito nipón se extendió por 21 campañas, mientras que la del criollo sólo duró 12. Si Cabrera hubiese disputado 21 temporadas en la liga es probable que lo hubiese podido superar, pero como no lo hizo, quedó en desventaja.

   La longevidad es, sin duda, una de las cosas que más afectan a los jugadores extranjeros que se convierten en candidatos a ingresar al Salón de la Fama japonés. De los más de 1.100 importados que han pasado por la NPB desde 1951, apenas unos 20 han podido mantenerse activos en la liga por 10 o más campañas y eso limita mucho las posibilidades de que cualquiera de ellos sea exaltado.

   Utilicemos ahora un ejemplo más cercano al de Cabrera: el del norteamericano Karl “Tuffy” Rhodes, quien disparó 464 vuelacercas en las 13 temporadas en las que vio acción en la NPB. Adicionalmente, empujó 1.269 carreras y sumó 1.792 hits, además de ganar 4 títulos de jonrones, 3 de remolcadas, un JMV, ser electo 7 veces al Equipo Ideal de la temporada y participar 10 veces en la Serie de las Estrellas.

Compilación de jonrones de Karl "Tuffy" Rhodes de la temporada 2001

   Rhodes logró mucho más que Cabrera en un período de tiempo muy similar. Sin embargo, ya lleva 3 años en la boleta del Salón de la Fama nipón y no ha estado ni cerca de ser electo. Este año recibió 84 votos (22,8%) y necesitaba 276 (75%) para ser exaltado.

   En lo que se refiere a su comportamiento tanto dentro como fuera del terreno, su caballerosidad y deportividad, el curriculum de Cabrera es muy débil. No sólo fue expulsado varias veces del terreno por atacar al lanzador rival o disputar una decisión arbitral, sino que también causó problemas durante las prácticas de los equipos para los que jugó.

Cabrera es expulsado del juego por disputarle un strike al umpire principal

   En agosto de 2010, por ejemplo, se molestó cuando le cambiaron su turno al bate durante una práctica de los Búfalos de Orix y como protesta sacó una pistola de juguete, de esas que usan pólvora y hacen ruido pero no disparan nada, y empezó a dispararle a sus compañeros.

   Demás está decir que causó un gran pánico en la práctica y que sus compañeros de equipo no quedaron demasiado contentos con su actitud. Peor aún, todos los medios deportivos japoneses reseñaron el incidente al día siguiente, dañando tanto su imagen como la del club.

   Rhodes tuvo promeblas muy similares durante toda su carrera en el circuito japonés y lo más probable es que los mismos terminen evitando su entrada al Salón de la Fama local. No sólo fue expulsado del terreno en más ocasiones que Cabrera, sino que también sus controversiales declaraciones a la prensa afectaron mucho su imagen y la de los equipos para los que jugó.

Rhodes inicia una pelea luego de golpear al receptor en la cara

   El incidente más famoso que protagonizó ocurrió en 2005, cuando jugaba para los Gigantes de Yomiuri. El coach de tercera base lo culpó de la derrota en una ocasión por no esforzarse para tratar de atrapar un elevado en el jardín izquierdo y eso lo enfureció tanto que al final del partido criticó duramente a su propio equipo.

   Hablando en japonés, le explicó a los reporteros que la derrota no había sido su culpa, sino de sus compañeros, que no se esforzaron por jugar mejor, y también de los lanzadores, que se cansaron de lanzar rectas por el medio a los rivales.

   Como si eso no hubiese sido suficiente, culminó diciendo que detestaba a su equipo. Obviamente, cuando uno insulta en público al club más famoso, laureado y respetado de todo Japón, uno se cierra todas las puertas posibles dentro del mundo del béisbol japonés.

   Si a este tipo de problemas sumamos el hecho de que Cabrera nunca aprendió a hablar japonés fluido, ni se ganó del todo el respeto de sus compañeros, coaches y managers, y que además existe la sospecha de que utilizó esteroides en algún momento de su carrera, pues no debería sorprendernos que no haya sido electo al Salón de la Fama nipón.

   En comparación, Kanemoto no sólo registró números excelentes, sino que además fue uno de los ídolos más grandes de uno de los equipos más populares del país: Hanshin. Además, siempre ha sido un caballero dentro y fuera del terreno y representa una de las personalidades más respetadas del béisbol japonés, por lo que su elección al panteón de los inmortales en su primer año en la boleta no fue una sorpresa.

   Ahora, esto no quiere decir que sea imposible que un extranjero se gane ese honor. El hawaiano Wally Yonamine ya lo hizo y el candidato más claro a repetir esa hazaña debutará en la boleta a finales de este mismo año: el venezolano Alex Ramírez.

   El actual manager de las Estrellas de DeNA no sólo compiló números indiscutibles durante su carrera en la liga, sino que además ha sido un modelo de comportamiento desde su llegada a Japón en la temporada 2001.

   Si a eso le sumamos el hecho de que habla japonés fluido, se ha adaptado muy bien a la cultura, filosofía y ritmo de trabajo de la NPB y su amena personalidad le ha ganado el corazón y la admiración de todos los fanáticos, entonces no cabe duda de que tarde o temprano se convertirá en el primer latino en ser exaltado.

Ramírez conecta un jonrón y luego lo celebra con una de sus populares rutinas

   Ramírez disputó 1.744 partidos en la NPB a lo largo de 13 campañas y en ellos bateó para .301, con 380 jonrones, 1.272 empujadas, 866 anotadas y 2.017 hits, además de ganar 4 títulos de remolques, 2 de cuadrangulares, uno de bateo, 2 premios al JMV, ser electo 4 veces al Equipo Ideal de la temporada y participar 8 veces en la Serie de las Estrellas.

   Por si eso fuera poco, es el único pelotero en la historia de la liga en sumar 8 campañas consecutivas con 100 o más empujadas, es el segundo bateador que más rápido ha llegado a los 2.000 hits de por vida en el circuito y además posee la octava racha más larga de partidos disputados de manera consecutiva (985) de su historia.

   Adicionalmente, es el único extranjero que ha sido admitido hasta ahora al prestigioso Meikyukai (Club de los Jugadores Extraordinarios), una especie de Salón de la Fama paralelo que reúne a todos los peloteros que han sumado al menos 2.000 hits, 200 victorias o 250 juegos salvados en sus carreras en la NPB.

   Si a eso le sumamos el increíble éxito que está teniendo en su carrera como manager y el hecho de que representa una de las más grandes celebridades del béisbol japonés, entonces no cabe duda de que será inmortalizado en el futuro en el Salón de la Fama local. Quizás no ocurra en su primer año en la boleta, pero ocurrirá con toda seguridad.

¿Por qué nunca más veremos a un bateador de .400?

Nadie bateará .400 en las Grandes Ligas este año.
Eso es cierto para la mayoría de los logros extravagantes del béisbol. Lo más probable es que ningún lanzador abridor tenga un récord perfecto, ningún relevista lanzará una temporada sin anotación, y ningún bateador ganará la Triple Corona o golpeará 73 (o incluso 61) jonrones. Pero podrían hacerlo. Podrían. Cada vez estoy más convencido de que .400 se ha convertido en un umbral irrompible, que nunca volverá a suceder, que incluso la persecución de .400 está extinta, que .400 se ha movido silenciosamente de la historia viva del béisbol a una reliquia de su pasado lejano.
Por supuesto, es posible alcanzar .400. ¿Pero lo es? ¿Realmente?
Construyamos el jugador de béisbol perfecto en partes perfectas. Un promedio de bateo se compone de éxitos divididos por comparecencias oficiales, lo cual pone tres habilidades en una ecuación:
• La capacidad de evitar ponches, que siempre son outs
• La capacidad de batear jonrones, que siempre son hits
• La capacidad de convertir un gran porcentaje del resto de sus conexiones (bolas en juego) en hits
El perfecto aspirante a .400, entonces, no se poncharía mucho, conectaría muchos jonrones y tendría un alto promedio de bateo en pelotas en juego. Él combinaría las mejores habilidades de:
Andrelton Simmons, quien en los últimos tres años se ha ponchado menos que cualquier otro bateador con al menos 1,500 apariciones en el plato en total. Excluyendo de esas comparecencias cuando fue boleado o golpeado por lanzamientos (que no se consideran "turnos al bate", y que previenen la posibilidad de otro resultado), Simmons se poncha solo el 9 por ciento del tiempo.
Chris Davis, quien, cuando no recibe boletos, es golpeado por un lanzamiento o se poncha, batea cuadrangulares en el 11 por ciento de las pelotas de béisbol con las que hace contacto. Es el más alto en el béisbol en los últimos tres años, entre nuestros clasificados.
DJ LeMahieu, quien, cuando no recibe boletos, un pelotazo, un ponche o pega un jonrón, conecta hits con el 36.3 por ciento de las bolas que pone en juego.
Así que quieres comenzar el turno al bate con las habilidades de contacto de Simmons; cuando golpeas la pelota, quieres tener el poder de Davis; pero si la bola no sobrepasa la barda, quieres las habilidades de LeMahieu con la pelota bateada (en Coors Field, que es la hormona de crecimiento BABIP). Notarás que estos son tres jugadores muy diferentes, y que la habilidad singular de cada bateador tiene un rendimiento muy pobre en los demás. De 119 bateadores calificados:
Simmons: Primero en tasa de contacto pero Nº 92 en BABIP y Nº114 en jonrones por contacto
Davis: Primero en cuadrangulares por contacto, pero Nº 75 en BABIP y Nº 119 (¡el último!) En tasa de contacto
LeMahieu: Primero en BABIP pero Nº 28 en tasa de contacto, Nº 112 en jonrones por contacto
En otras palabras, parece (como lo intuirías) que estas habilidades no son complementarias, y que buscar la excelencia en una categoría tiene un costo en otra. El bateador que vamos a imaginar no es el mejor en tres habilidades diferentes -es como pedirle a un lanzador que tenga la mejor bola rápida, el mejor cambio y la mejor bola rompiente-, pero de alguna manera ha roto las bandas de resistencia que evitan a una persona sobresalir en los tres departamentos simultáneamente. Así de improbable es este bateador.
Pero podemos hacer lo que queramos para este hipotético ejercicio, y estamos declarando que existe. Estamos dispuestos a que él exista. Con el contacto de Simmons, el poder de Davis, y un BABIP como LeMahieu. Podemos chequear estos números con bastante facilidad: ¿cuánto ese tipo?
Él batearía .396.
Eso es lo difícil que es alcanzar .400 en 2018. En 1924, en comparación, cuando Rogers Hornsby bateó .424, un jugador que tuvo la mejor tasa de contacto en la liga (98.7 por ciento de no boletos, de 1922 a 1924), la mejor tasa de jonrones (10 por ciento de las bolas golpeadas) y el mejor BABIP (.391) habría golpeado un poco mejor que .450.
Ahora, obviamente es posible alcanzar .400. El receptor de medio tiempo de los Medias Rojas Christian Vazquez bateó .421 en un tramo de 10 juegos el verano pasado, y si pudo hacerlo por 10 juegos, teóricamente podría hacerlo por 162 (o los 120 que necesitaría para calificar para el título de bateo y hacerlo oficial). Y si Vázquez podría hacerlo teóricamente, entonces un par de cientos de otros bateadores definitivamente podrían hacerlo teóricamente. Pero para hacerlo, Vázquez (o cualquier otro bateador) tendría que hacer una de estas tres cosas: hacer más contacto que el mejor bateador de contacto, jonronear más frecuentemente en contacto que el mejor bateador de poder o convertir más bolas bateadas en hits que el mejor bateador en BABIP -mientras se aproxima a los mejores bateadores en las otras categorías.
La forma más sencilla de imaginar un bateador de .400 es la siguiente: pegar tantos jonrones como ponches; y, dependiendo de cuántos jonrones, batee al menos .380 en bolas en juego. Ted Williams, por ejemplo, tuvo muchos más jonrones (37) que ponches (27) en 1941, para ir con un .378 BABIP. En 10 juegos, Vázquez se ponchó más veces (cuatro) que jonroneó (uno), pero tenía un BABIP de .455.
Pero, de nuevo, en 2018 esta formulación pone a prueba nuestra imaginación. Desde el 2000, solo un bateador, Barry Bonds, en el 2004, ha bateado tantos jonrones como ponches recibidos. Retroceder cuatro décadas más agrega solo un nombre más: George Brett, quien lo hizo en su temporada acortada por lesión de .390. Antes de eso, en realidad era bastante común, con 14 jugadores que lo hicieron solo en la década de 1950, y 75 jugadores que lo hicieron entre 1920 y 1959.
El final de ese período es cuando los relevistas especializados comenzaron a ganar prestigio, cuando los lanzadores comenzaron a tirar para evitar el contacto de los bateadores y cuando el auge de ponches realmente despegó. Si bien algunos de esos ponches pueden ser atribuidos a los bateadores, "todo el mundo hace swing buscando las vallas", dices, es casi imposible que cualquier bateador, sin importar cuánto cambie su enfoque, replicar esas tasas de contacto de antaño. (Por ejemplo, incluso con un corredor en tercera y menos de dos outs -situaciones de contacto puro - nadie se acerca al 95 por ciento de contacto). No hay bateadores, ninguno, que coincidan con las tasas de contacto de 1924. Incluso los tipos que ustedes consideran bateadores de contacto se ponchan más que lo que pegan de jonrón: Jose Altuve se ponchó 84 veces el año pasado. Joey Votto se ponchó 83. Simmons se ponchó 67 veces. Son los lanzadores.
Así que pegar jonrones con más frecuencia que lo que te ponchas no es básicamente una opción. Eso deja a nuestro perseguidor de .400 a poner un BABIP de más de .380, más probablemente de .400. El problema con eso es que nadie en los últimos 15 años ha logrado un .400 BABIP, y solo cuatro jugadores desde la Segunda Guerra Mundial lo han hecho. Nadie ha superado .408. Incluso .390 es desalentador: 27 bateadores desde la Segunda Guerra Mundial. El camino simple hacia .400 requiere hacer (o casi hacerlo) algo que solo dos bateadores desde 1960 han logrado, mientras que también lo hacen (o casi lo hacen) algo completamente diferente que solo han hecho un par de docenas de bateadores desde 1960. Y se hace más difícil por el hecho de que los jonrones, ponches y BABIP se contradicen entre sí: reducir el swing para hacer contacto reduce los jonrones; pegar más jonrones (al elevar el ángulo de salida del bate) lleva a un BABIP más bajo, ya que las pelotas elevadas en el parque tienen el BABIP más bajo de todas las bolas bateadas; y batear .400 con poder probablemente cause que los lanzadores lancen más cerca de un bateador, lo que lleva a más bases por bolas pero a conteos más profundos, lo que generalmente también significa más ponches.
Esto ayuda a explicar por qué no solo .400 es una marca muerta, sino que incluso las persecuciones de .400 creíbles se han terminado. En los años 1980 y 1990, las persecuciones de .400 fueron raras pero emocionantes:
• En 1980, George Brett estaba bateando sobre .400 el 19 de septiembre
• En 1983, Rod Carew promedió sobre .400 hasta el 14 de julio
• En 1993, John Olerud superó los .400 el 2 de Agosto y Andres Galarraga el 4 de julio
• En 1997, Larry Walker sobrepasó los .400 el 17 de julio
• Abarcando 1994 y 1995, Tony Gwynn bateó .400 en 520 apariciones al plato y estaba bateando.394 cuando la huelga de 1994 lo detuvo
Pero nadie desde el año 2000 ha llegado a .380 en la primera mitad de la temporada, lo que significa que nadie desde el 2000 incluso nos ha dado una amenaza creíble y sostenida en .400. Desde al menos 2009, ningún bateador que calificó para el título de bateo tuvo un promedio de bateo de .400 después del 25 de mayo, según ESPN Stats & Info:
2017: Ryan Zimmerman, hasta el 9 de mayo
2016: Daniel Murphy, hasta el 16 de mayo
2015: Dee Gordon, hasta el 19 de mayo
2014: Troy Tulowitzki, hasta el 17 de mayo
2013: Chris Johnson, hasta el 26 de abril
2012: David Wright, hasta el 24 de mayo
2011: Matt Holliday, hasta el 6 de mayo
2010: Robinson Cano, hasta el 30 de abril
2009: Victor Martinez, hasta el 21 de mayo
Si vemos cómo estos nueve jugadores batearon .400 durante un mes más o menos, podemos ver cómo un jugador puede llegar a .400 y por qué es casi seguro que no va a suceder. Todos, excepto Canó, se mantuvieron en .400, no por jonronear tan a menudo como se poncharon, sino por producir marcas de BABIP muy por encima de .400. (El de Holliday fue .474.).
Eso no es sorprendente. El sabermetrista Russell Carleton ha investigado la rapidez con la que se estabilizan las diferentes estadísticas, cuando podemos decir que una estadística probablemente reflejó el rendimiento real del jugador, en lugar de la suerte y el ruido. BABIP es la última estadística ofensiva en estabilizar, lo que quiere decir que es una de las más fluctuantes. Los ponches son los primeros en estabilizar. Es realmente difícil tener suerte para nunca poncharse.
Eso significa que, si un jugador va a hacer una carga en .400, seguramente no será superando abrumadoramente la tasa de contacto más alta de la liga. Será por tener un BABIP monstruosamente alto. Pero la oportunidad de poncharse viene antes de la oportunidad de ver un rodado un poco más allá del guante extendido del segunda base. A medida que los ponches se vuelven un porcentaje más grande y más seguro de todos los resultados, BABIP se convierte en un porcentaje menor, y el peso de un BABIP alto inestable por lo tanto disminuye.
Para llegar a .400 el año pasado, el campeón de bateo Altuve (quien bateó .346) hubiera necesitado poncharse 32 veces menos, conectar 32 jonrones más y mantener su mejor marca de por vida, .370 BABIP. O bien: si Mike Troutcombinara la mejor campaña de su carrera en contacto, el mejor año de su carrera en cuanto a poder y el mejor año de su carrera para BABIP, alcanzaría alrededor de .350.

En 1986, Stephen Jay Gould escribió un ensayo ahora famoso titulado "La homogeneidad entrópica no es la razón por la cual nadie más batea .400". Gould argumentó que, a medida que el grupo de talentos aumentaba, la variación entre los jugadores de Grandes Ligas (y sus estadísticas) disminuía. Habría menos actuaciones atípicas extrañas, ningún Babe Ruth superando a equipos completos, menos ganadores de Triple Corona, etc. "A medida que la variación se reduce a un promedio de bateo promedio constante, desaparece el promedio de .400. Es, creo, tan simple como eso".
No creo que sea tan simple como eso. Desde que Gould escribió ese ensayo, hemos visto a Barry Bonds obtener el OPS más alto de la historia, el mayor OBP de la historia y el porcentaje de slugging más alto de la historia. Hemos visto a Pedro Martínez producir la mejor efectividad, en relación con su liga, en la historia. Los registros se rompen: Serena Williams batió récords, Tiger Woods batió récords, Tom Brady batió récords, Mike Trout está batiendo récords.
Pero los registros (y los logros extravagantes) están vinculados a las épocas en que están establecidos, y en la era "equivocada" muchos registros son esencialmente imposibles. Nadie está bateando .400. Nadie ha bateado más de .372 en este siglo. Nadie ha superado .360 esta década. Nadie ha superado .350 en el último lustro. No es porque un bateador de .400 no exista, sino porque existen lanzadores de 1,000 ponches. Es imposible no poncharse ante los lanzadores de esta década. Y es casi imposible batear .400 con un total de ponches significativo. Son una parte demasiado grande de la ecuación para superarla.