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lunes, 16 de abril de 2018

Roberto Estalella, primer hispano de Triple Corona en el Beisbol Organizado

Por Andrés Pascual
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Roberto “Tarzán” Estalella (Cárdenas 1911-Hialeah 1991) fue el segundo gran jugador de posición cubano e hispano en el Beisbol Organizado; el primero fue Armando Marsans, uno de los dos pioneros, junto a Rafael Almeida, cuando ya existían ambas ligas; primer bateador de .300 y primero en recibir votos para el MVP en Grandes Ligas durante la década 1910-20. Pero Marsans jugó pocos años.

A Estalella, cuando fue cambiado por los Senadores de Washington a los Elefantes Blancos de Connie Mack en 1943 junto a Jimmy Pofahl y dinero por Bob Johnson, que había jugado en el Juego de Estrellas del año anterior por la Liga Americana, el Viejo Zorro de los Atléticos lo presentó como un nuevo Al Simmons que, si no comete la equivocación de irse a la Liga Mejicana, hubiera continuado el desarrollo ascendente de su carrera en Grandes Ligas, porque sus mejores años fueron los tres previos a 1945, cuando dio el paso en falso, en los que había jugado 100 ó más juegos en cada una de esas temporadas con promedios superiores a .285 actuando en la esquina caliente y en los jardines del viejo club.
A Mexico fueron jugadores cubanos que cometieron un error garrafal, porque se hubieran impuesto en las Mayores, no solo Estalella, sino Adrián Zabala perdió la oportunidad única con los Gigantes; otros jugadores como Agapito Mayor, Mario Fajo o Chito Quicutis, que no tenían etiqueta de bigleaguers, tal vez hicieron bien; pero, quizás Jorge Comellas y, sobre todo Julio Moreno, tampoco hicieron bien las cosas. Para justificar la falta de clase que les hubiera impedido jugar en grandes ligas, muchos que no actuaron en ese nivel decían que “nadie se podía negar ante tanto dinero…”
Pero Estalella sí desperdició con la ida a la Mejicana y la posterior suspensión como renegado una carrera que pudo ser brillante.
En 1938, jugando para el Charlotte clase D de la Piedmont League, el matancero ganó la Triple Corona de Campeón de Bateo por primera vez para peloteros cubanos e hispanos en el Beisbol Organizado, al concluir la campaña con 38 jonrones, 123 impulsadas .378 de promedio, total de 325 bases recorridas y .754 de slugging.
Sin embargo, no fue esa la única gran temporada del Tarzán cardenense: en 1949, con el Minneapolis de la Asociación Americana, el mismo con el que 11 años antes había ganado Ted Williams la Triple Corona a los 19 años, Estalella produjo para .341 con 36 dobles, cinco triples, 32 jonrones y 134 empujadas.
El cubano estuvo en el Beisbol Organizado, incluyendo 9 temporadas en grandes ligas, desde 1934 al 1951 y en las Menores bateó 8 veces sobre .300; tuvo cuatro campañas con más de 30 jonrones y 1 sobre 20, además de que en 6 impulsó a más de 100 corredores. Su último buen año en Estados Unidos, luego de cumplir la sanción de las grandes ligas, fue en 1947 con el St. Jean de la Liga Independiente en que bateó .374 con 17 dobles, 2 triples, 24 jonrones y 101 empujadas en 321 veces al bate.
En 1942, el Jíbaro Luis Rodríguez Olmo se llevó la Triple Corona jugando para el Richmond de la Liga Piedmont, convirtiéndose en el segundo hispano en ganar el premio.
En 1950 Silvio García la obtuvo jugando para el Sherbrooke clase C de la Liga Peninsular con números como 21 jonrones, 116 impulsadas y .365 de promedio.
En 1956, con el St. Cloud clase C, también de la Peninsular, el puertorriqueño Orlando “Peruchín” Cepeda la conquistó por batear 26 cuadrangulares, enviar 112 corredores al plato y promediar .355.
En 1959, que fue opacado injustamente en Cuba por la victoria de los Cañeros de los Cubans en la Pequeña Serie Mundial contra el Minneapolis, el inicialista Frank “Panchón” Herrera se la llevó a su casa en el pueblo habanero de Santiago de Las Vegas por 37 jonrones, 128 impulsadas y .329 de promedio, jugando para los Bisontes de Búfalo de la Liga Internacional clase Triple A
Hasta 1962 y desde que en 1940 la obtuviera Cool Papa Bell, en la Mejicana la han ganado Wild Bill Right en 1943; Angel Castro en 1951; el cubano René González en 1952; el norteamericano Alonzo Perry en 1956; Claudio Solano, de la Liga Arizona-Mexico, en 1957 y Ramiro Caballero, de la Mejicana Central, en 1962.
Como adjuntos de interés, en 1956 Ken Guttler, jugando para el Shereveport de la Piedmont, bateó 62 jonrones y empujó 143, pero su promedio de .293 no fue suficiente para liderar la liga.
Quien si lideró la Longhorn clase C con el Roswell en los tres departamentos de Triple Corona fue Joe Bauman en 1954, en la que se puede considerar acaso la mejor temporada de bateador alguno en cualquier liga del mundo. El tipo produjo para 72 jonrones, 224 carreras impulsadas y .400 de promedio.

Ollie Brown / bio


Tal dia como hoy  16/04/2015  fallecìa el Oitfielder  Ollie Brown

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Ollie Brown jugó 13 temporadas en las Grandes Ligas. Él era principalmente un jardinero derecho. En su mejor temporada con el bate, conectó 23 jonrones con 89 impulsadas y un promedio de bateo de .292 para los Padres de San Diego de 1970 , un equipo que bateó .246 en general mientras jugaba en un parque de lanzadores.
Ollie nació en Tuscaloosa, Alabama , una ciudad que también fue el lugar de nacimiento de otros jugadores de grandes ligas como George Foster , Butch Hobson y Lee Maye . Ollie asistió a la escuela secundaria en Long Beach, California, e irrumpió en las menores a los 18 años, mejorando a medida que avanzaba en la cadena.
Brown pasó 1962 como un jardinero para los Salem Rebels y Decatur Commodores . Al regresar a Decatur en 1963, Brown pasó 12 juegos en los jardines, pero también comenzó 21 juegos en la rotación. El 13 de agosto , lanzó un juego sin hits contra los Senadores de Wisconsin Rapids ganando 8-0. En 1964 con los Fresno Giants bateó 40 jonrones y bateó para .329. Eso le valió un movimiento hasta la bola AAA , donde bateó 27 jonrones para Tacoma. Obtuvo una oportunidad en las mayores en septiembre de 1965 con los Giants de 1965 , un equipo que ya tenía a Willie Mays , a Jesús Alou , a Matty Alou , a Len Gabrielson.Ken Henderson en el jardín. A pesar de eso, Ollie hizo equipo la temporada siguiente y tuvo un tiempo de juego sustancial en 1966-67. Él estuvo abajo en las menores durante parte de 1966 y 1968.
Fue la primera selección de los Padres de San Diego en el draft de expansión de 1968 , y se convirtió en un habitual de los Padres en 1969-71. 1972 lo encontró con tres equipos separados (Padres, A's y Cerveceros) antes de pasar 1973 con los Cerveceros. En 1974 estuvo con dos equipos (Astros y Filis) antes de cerrar su carrera en 1975-77 con los Filis, un equipo que ganó su división en 1976-77. Con los Phillies de 1975 , publicó una línea de .303 / .369 / .510 en 161 apariciones en el plato.
Él es el hermano mayor de Oscar Brown . Otro hermano, Willie Brown, jugó en la NFL con los Rams y Eagles. Ollie tenía un cañón de un brazo en el jardín derecho. Más tarde en su carrera se convirtió en un bateador emergente de primera con los Filis de Filadelfia de fines de la década de 1970 .

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Cuando las Estrellas Negras cautivaron Venezuela

Cuando las Estrellas Negras cautivaron Venezuela

El emergente
Ignacio Serrano

El legendario Josh Gibson en Maracaibo,
con el uniforme del Centauros
Faltaba poco menos de dos años para que Jackie Robinson debutara en las Grandes Ligas, cuando pisó suelo venezolano como parte de aquel equipo de grandes peloteros afroamericanos que los promotores de la gira bautizaron American All-Stars, y que el pueblo beisbolero, con mayor precisión, denominó sucintamente “las Estrellas Negras”.

Robinson era parte de una selección de jugadores brillantes, que vinieron a Caracas y Maracaibo a ganarse el pan, literalmente. Las Ligas Negras estaban en su apogeo y el deporte de los diamantes empezaba a convertirse en nuestro pasatiempo nacional.

Leyendas a quienes la segregación racial impidió jugar en las Mayores veían en el Caribe una forma de completar sus ingresos. Muchos bigleaguers blancos debían trabajar en el invierno boreal, y lo hacían en granjas, tiendas, estaciones de gasolina, incluso en cementerios, y algunos se alistaban en la pelota de estas tierras. Pero como los salarios en las Ligas Negras eran más bajos que en la MLB, la necesidad era más grande y relación se estrechó.

El cubano Martín Dihigo, miembro del Salón de la Fama de Cooperstown, vino en los tiempos de la Primera División, antes de regresar como estratega para dirigir al Caracas. Josh Gibson, quizás el mejor de todos los tiempos, mostró en estos pequeños parques ese poder que llevó a compararlo con Babe Ruth. Cocaína García y Alejandro Oms cautivaron a la naciente fanaticada en aquellos tiempos de equipos semi profesionales, donde amateurs convivían con importados y con astros nativos que iban de la capital a Maracaibo o a Barquisimeto, según el contrato que pudieran negociar.

Fue esa visita del American All-Stars lo que amarró de manera definitiva unos lazos que hoy forman parte de la historia romántica del circuito local.

La gira duró del 24 de noviembre de 1945 al 4 de enero de 1946. Durante seis semanas, la afición asistió al estadio Cerveza Caracas y luego al Olímpico marabino, llenando las tribunas con emoción. Allí estaban Roy Campanella y Buck Leonard, que también tienen placas en Cooperstown.

Campanella, Leonard, Roy Welmaker, Sam Jethrow, Quincy Trouppe, Bill Anderson, Parnell Woods y Bill Jefferson se quedaron.

La fiebre desatada por los Héroes del 41, el resurgimiento del “purocriollismo”, la naciente rivalidad entre caraquistas y magallaneros, todo contribuía a la consolidación de un nuevo proyecto que nació legalmente durante la gira de las Estrellas Negras y cuya inauguración quedó fijada para ese 12 de enero: la LVBP. Y los empresarios del Venezuela, Vargas y Magallanes vieron en la nómina itinerante una mina para sus propios rosters.

Campanella fue uno de los grandes protagonistas de aquel campeonato inaugural y del siguiente. Don Newcombe y Verdel Mathis vendrían en 1947, y Newcombe brillaría con 10 victorias y 14 juegos completos, antes de conseguir la puerta abierta en la MLB.

Abelardo Raidi aseguró en su célebre Pantalla de los Jueves, que por más de medio siglo publicó en El Nacional, que Juan Rafael Regetti le ofreció un contrato a Robinson para ser parte del Vargas. No se quedó, sin embargo. Nadie sabía que ya había cerrado el histórico acuerdo con Branch Rickey que le permite al beisbol celebrar este 15 de abril, una vez más, la caída de la absurda barrera racial en las Grandes Ligas.

Columna publicada en El Nacional, el domingo 15 de abril de 2018. 

martes, 10 de abril de 2018

¿LO PEOR DEL BEISBOL? EL MIEDO DEL MANAGER


durocher y rickey

Por Andrés Pascual
Debe ser muy difícil tratar con millonarios subordinados, supongo que a quien le toque esta ingrata tarea no pueda dormir con sosiego, en el beisbol es rutinario que un hombre común y corriente (el manager), que nadie sabe por qué llegó hasta ahí, tenga que enfrentar y someterse a realidades como jugadores que pueden ganar 20 millones en esta campaña y el individuo, casi bajo contrato de factoría sin overtime en comparación, algo más o un poco menos de un millón por año.
Lo anterior es rutina y argumento de por qué el beisbol está donde está, pero no es el dinero, sino el Sindicato protector ¿En qué lugar, en que país existe una organización laboral de respaldo a “obreros” que ganen tanto?
Los dueños de clubes resuelven una racha mala botando al manager, porque es muy engorroso botar a 25 hombres complotados, insatisfechos y con problemas de ego, haciendo todo lo posible por hundir el barco, claro, en los equipos con el virus también hay peloteros vacunados, pero son pocos…
¿Bajo qué condiciones (aptitud para el puesto), es seleccionado un manager? Steinbrenner no tuvo en cuenta a Mattingly para los Yankees y escogió a Joe Girardi, tan bueno que barrió el piso con Loria, a quien no le aguantó una, a fin de cuentas, Loria es un perdedor y es un crimen que tenga un club joseador, que pudiera dar sorpresas si tuvieran otro manager. Pero este juego es así desde que la Agencia Libre llegó a pisotear el pasatiempo, la agencia y los contratos multi-anuales y más de 15 años con un comisionado dependiente, que preparó unas grandes ligas a las que se les debe quitar el adjetivo que significa grandeza.
Resulta que un dirigente de dugout debe temerler a cuanto monstruo creó la serie Cuentos del Gato Negro: a los jugadores, al Sindicato, a la gerencia, al público…a la media no, la prensa de hoy no pinta ni da color, está articulada con los dueños para distribuir noticias, ni el público la considera para nada, el fanático está en internet aunque no sepa leer ni escribir, por lo tanto, impone su criterio, critica a como le venga en ganas, no cree que un cronista sepa más que él (muchas veces tiene razón), este egocentrismo, esta autosuficiencia la creó a propósito el engranaje del Beisbol Organizado desde Selig, para anular el efecto del cronista, su influencia al cuestionar cosas sensibles como contratar a un manager, hace rato que el criterio político-social PRENSA 4to PODER no funciona en el beisbol americano.
Durante los 90’s hubo un consorcio de mala intención y yo diría que sórdida, conspiraron juntos, atentaron juntos contra la moral por intereses personales, ese grupo lo encabezó Bud Selig, que tuvo de “teniente” a Jeffrey Loria y los acontecimientos de Montreal y Minnesotta destaparon la olla, sin embargo, por razones no explicadas aún, nada sucedió y les aplicaron una especie de inmunidad a propósito de las circunstancias… “una mano lava la otra y las dos la cara”. Vendrían cosas peores, en que la indecencia y la falta de respeto pusieran en entredicho a todos los jugadores del período: las sustancias y los esteroides.
¿Por qué es Barry Bonds coach de bateo de los Marlins? Batear 762 jonrones por vida y 73 un año con ayuda de sustancias no es el documento que ampare la capacidad didáctica obligada para que Marcell Osuna supere la anemia natural de quien no es bateador de liga grande.
A Bonds lo quieren limpiar con la fanaticada y con la prensa (con este “poder” pagado por debajo es obsoleto) en cuanto a la cara mala que tuvo antes, un Bonds bueno y yo diría que falta que se arrepienta de todo…
Un Bonds vitrina, no un líder, que nunca lo fue y es uno de sus lunares como jugador, porque su egocentrismo, su soberbia, le impideron actuar acumulando y desarrollando la parte de líder que nunca, en ninguna situación, demostró; otros le sacaron las castañas del fuego, como Kent con los Gigantes durante un tiempo. Antes, en Pittsburgh, Jay y Van Slike.
Por lo que se ve, Bonds en los Maarlins es parte del acuerdo para limpiarlo hasta que esté listo para Cooperstown, incluso va a disertar en la próxima Convención del S.A.B.R en el venidero Julio en Miami, o, que no debe desecharse: Bonds aquí podría ser “un gustazo” que se da Loria ¿Quién sabe?
Dentro de todo lo que se ve en el “inside” del juego, destaca algo que sucede en algunos clubes y niega la norma precepto del sistema capitalista aplicada al beisbol ¿Por qué jugadores como los cubanos Yasmani Tomás o Rusney Castillo, con bonos enormes, alternan su trabajo? ¿Por qué estos peloteros cobran por mirar el juego desde el banco y actúan una vez cada 3 ó 4?
De interés ¿Cómo es posible que los Angelitos se empecinen en anular a Mike Trout mantiniéndole detrás, en el clutch, a Pujols, que no puede protegerse a sí mismo ni si lo agreden de frente y advertido para robarlo?
¿Por qué Loria tiene sin apoyo a Stanton, que necesita que alguien de relativa capacidad de decisión y empuje lo cubra, a ver si puede ver, aunque sea, un par de lanzamientos buenos por semana? ¿POR QUÉ…? Vaya usted a saber…
Foto Leo Durocher y Branch Rickey, Dodgers de Brooklin

viernes, 6 de abril de 2018

Un mánager novato y un bullpen: una mezcla peligrosa

BRISTOL -- Manejar el cuerpo de relevistas del equipo es una de las asignaciones más exigente que tiene un manager de béisbol, sin importar el nivel de la liga donde juegue o la calidad de sus relevistas. Cuando el manager es novato, el proceso es un poco más complicado y doloroso, como se pudo comprobar durante el primer fin de semana de la temporada de Grandes Ligas del 2018.
Como ya sabemos, seis equipos cambiaron al capataz durante la temporada muerta y cinco de ellos entregaron el mando a hombres que tenían entre poca y ninguna experiencia en cualquier nivel en la pelota de Estados Unidos: Alex Cora, de Medias Rojas de Boston; Aaron Boone, de Yankees de Nueva York; Mickey Callaway, de Mets de Nueva York, y Gabe Kapler, de Filis de Filadelfia).
Solamente los Tigres de Detroit, que nombraron a Ron Gardenhire, apostaron por lo conocido. Gardenhire, de 59 años de edad, dirigió a los Mellizos de Minnesota del 2002 al 2014 y posee 25 años de experiencia como piloto o coach en las ligas mayores.
Cora, cuyo primer trabajo en Grandes Ligas desde que se retiró como jugador en 2011 fue asistir al manager de AJ Hinch, de los campeones Astros de Houston, la temporada pasada, al menos tiene una base sólida para sus nuevas funciones. Por los cuatro inviernos anteriores, Cora fue manager y/o gerente general de los Criollos de Caguas en la liga invernal de Puerto Rico y también el gerente de la selección boricua que estuvo en el pasado Clásico Mundial de Béisbol.
Los Medias Rojas ganaron tres de los cuatro partidos de su serie inaugural contra los Rays de Tampa Bay, pero de no haber sido por la implosión del bullpen en el primer choque, el jueves en Tropicana Field, el capataz puertorriqueño habría comenzado su carrera con 4-0.
Boston entró a la octava entrada ganando 4-0, detrás de seis grandiosas entradas del zurdo Chris Sale y un bateo oportuno de Xander BogaertsRafael Devers y Eduardo Núñez, pero los relevistas Joe Kelly y Carson Smithfracasaron miserablemente en sacar tres outs y llevar el encuentro en ventaja al terreno del cerrador.
Kelly solo pudo retirar a uno de los cinco bateadores que enfrentó, transfirió a tres y permitió cuatro carreras. Smith entró a tratar de apagar el fuego, pero boleó al emergente Brad Miller con las bases llenas y luego permitió un triple que limpió los sacos al jardinero Denard Span y colocó a los Rays en ventaja por primera vez en la tarde.
Aunque el juego se le fue de las manos, no se puede culpar a Cora por usar los dos elementos que están programados para preparar la mesa. Después de todo, ni Cora ni ningún otro manager traería al cerrador, en este caso el estelar Craig Kimbrel, a trabajar desde el octavo acto en el primer juego de una temporada tan larga.
"Nos sentimos cómodos con las decisiones que tomamos, aunque no funcionó. Prepararemos el próximo juego y esperemos que los muchachos ejecuten", dijo Cora a ESPN Digital.
Después que Kimbrel rescató partidos cerrados el viernes y el sábado y básicamente estaba inelegible para el domingo, Cora advirtió a Kelly que debía estar preparado para lanzar en algún momento apremiante al final del choque del domingo.
Kelly no hizo quedar mal a Cora, ponchando a Span con el empate en circulación en la novena entrada para anotarse el primer salvamento de su carrera.
Boone, cuyo único trabajo había sido comentar en ESPN desde su retiro como jugador en 2009, intentó jugar la carta de la confianza con su hombre de la octava entrada y se estrelló contra un risco.
Peor aún, aparentemente el nuevo manager de los Yankees dejó en manos del lanzador Dave Robertson la decisión de a quien prefería en el plato en un momento crucial del último encuentro de su serie inaugural contra los Azulejos de Toronto en el Rogers Centre.
Los Yankees ganaban 4-3 en el octavo con dos outs y dos corredores en bases. El derecho Robertson transfirió al lastimado bateador derecho Josh Donaldsonpara enfrentar al ambidiestro Justin Smoak, quien conectó jonrón con las bases llenas para decidir el encuentro y empatar 2-2 la serie. Smoak bateó .467 con dos dobles, dos jonrones y ocho carreras impulsadas en el fin de semana contra los Yankees.
"Boone me miró y me dio la opción. Es mi culpa", dijo Robertson, quien había dominado en cinco turnos, incluyendo cuatro ponches, a Smoak, contrario a Donaldson, quien le batea de 8-3 con dos cuadrangulares en su carrera.
Ok, los números del pasado favorecían bolear a Donaldson para lanzarle a Smoak, pero las molestias físicas del tercera base y el bate caliente del inicialista indicaban lo contrario. A veces las corazonadas funcionan, a veces las estadísticas. A cualquier lanzador le dan un batazo.
Pero la parte más curiosa del caso fue que el dirigente Boone dejara al pitcher la decisión de la estrategia.
"Este fue el enfrentamiento que nosotros determinamos que preferíamos. No fue porque él lo decidió. Era el enfrentamiento que preferíamos", dijo Boone, quien fue criticado duramente por los aficionados de los Yankees en las redes sociales.
Afortunadamente para Boone, el juego inaugural de los Yankees en casa, programado para celebrarse el lunes en la tarde, fue pospuesto por mal clima y reprogramado para el martes a las 4 pm. Posiblemente un día descanso de por medio ayude a olvidar a los exigentes aficionados del Bronx su momentáneo malestar con el capataz. O quizás le eche más leña al fuego del tema.
De todos los dirigentes novatos el más aventajado con el tema de manejar el bullpen y el cuerpo de lanzadores de un equipo es Callaway, quien era el coach de pitcheo de los Indios de Cleveland antes de sustituir a Terry Collins como el jefe en Queens.
Callaway, un hombre que viene de la Liga Americana, recibió elogios por hacer correctamente su primer doble cambio, algo típico en la Liga Nacional, donde batea el lanzador, al final de los partidos. En sentido general, el dirigente pasó con buenas notas su estreno con los Mets, que ganaron dos de sus primeros tres partidos.
Martínez, cuyos Nacionales son favoritos incluso para llegar a su primera Serie Mundial, arrancaron ganando sus primeros tres encuentros del año, no generó ningún tipo de controversia.
Y entonces tenemos a Kapler, quien usó el bullpen 18 veces, incluyendo un lanzador que no había calentado, en los primeros tres partidos de su carrera como piloto. En la tercera entrada del partido del sábado contra los Bravos de Atlanta, Kapler salió de la cueva y convocó a Hoby Milner, quien no había calentado y no estaba listo para lanzar.
El jefe de los árbitros de ese partido, Jerry Layne, decidió permitir que Milner calentara en el montículo regular para reducir las probabilidades de que se lesionara por no estar listo. La oficina del comisionado de Grandes Ligas mandó una carta de advertencia a los Filis por el episodio.
"Me responsabilizo por eso. Es una indicación de que necesito hacer un mejor trabajo y lo haré", dijo Kapler.
"Una de las cosas de las que me enorgullezco es ser un excelente comunicador y hacerlo de manera implacable. Continuaré esforzándome por alcanzar la excelencia en ese sentido. Las malas comunicaciones son simplemente inaceptables, no importa donde ocurran", agregó.
Kapler fue tendencia en Filadelfia mucho antes de la metida de pata del sábado. El jueves, en el día de apertura de Grandes Ligas, el capataz sacó al abridor Aaron Nola, quien llevaba una blanqueada de 68 lanzamientos y ganaba 5-0, para traer a Milner, quien permitió un jonrón de dos carreras a Freddie Freeman.
Los Bravos siguieron anotando alegremente contra el resto del bullpen y terminaron ganando el encuentro con un jonrón de Nick Markakis en la novena entrada. Al igual que a Boone, a Kapler se le pospuso su partido del lunes debido al mal tiempo.
Regularmente, crecer suele ser un proceso doloroso, especialmente para un manager de Grandes Ligas.