BEISBOL 007: DIHIGO

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viernes, 5 de agosto de 2011

Peloteros cubanos en México: Martín Dihigo y Lázaro Salazar. Privilegiados del Diamante


Martin_Dihigo
Por Horacio Ibarra.
Sólo ellos han destacado como lanzadores en la Liga Mexicana de verano conquistando además un título de bateo y son parte fundamental en la historia del Salón de la Fama del Beisbol Profesional de México.
En la historia del beisbol se han dado casos bastante interesantes que son dignos de recordarse. Entre ellos encontramos el de un par de lanzadores que destacaron en la década de los cuarentas y que actualmente son recordados por su enorme habilidad sobre el campo de juego en diferentes facetas.
Naturalmente, estamos hablando de los cubanos Martín Dihigo y Lázaro Salazar, par de estrellas rutilantes de nuestra pelota.
Ellos fueron parte del segundo grupo de jugadores que ingresaron al Salón de la Fama del Beisbol Mexicano, cuando todavía no existía un recinto acondicionado para tal efecto. Sus nombres fueron seleccionados por los cronistas capitalinos en 1964, junto a los inolvidables Epitacio “La Mala” Torres, Angel Castro, Ramón Bragaña y Genaro Casas, sexteta de luminarias reconocidas.
En la actualidad, los dos cubanos han sido catalogados de la siguiente forma: Martín Dihigo es el pelotero más completo de todos los tiempos y Lázaro Salazar es reconocido como el mejor manager de todas las épocas.
Historias paralelasLa trayectoria de ambos jugadores deslumbró de una manera notable. Ambos se iniciaron como lanzadores, pero eran tan buenos para jugar beisbol que incluso lograron agenciarse un título de bateo en los primeros años de la Liga Mexicana. Un caso bastante raro que sólo puede ser logrado por los privilegiados del diamante.
Indudablemente, Dihigo y Salazar pertenecían a esa clase selecta. Martín Dihigo lo hizo en 1938 y Lázaro Salazar al año siguiente.
El gran “Maestro”Para darnos cuenta de su enorme categoría como peloteros, basta echar una ojeada a sus conquistas en el terreno
Dihigo fue el primer pitcher en lanzar sin hit ni carrera. Esto aconteció el 16 de septiembre de 1937 en contra de Nogales. “El Maestro” lanzó nueve innings y ganó 4-0 en partido efectuado en tierras veracruzanas. Un año más tarde obtuvo la triple corona de pitcheo al agenciarse los lideratos de ganados y perdidos, efectividad y ponches. Tuvo una marca de ganados y perdidos de 18-2 (.900), con 0.90 de carreras limpias y 184 ponches jugando para el Aguila. Además fue el máximo ganador de la temporada con sus 18 triunfos.
Como si eso fuera poco, el inmortal cubano dio una razón contundente del porque está considerado el pelotero más completo de todos los tiempos al agenciarse el título de bateo esa misma campaña, obteniendo un alto porcentaje de .387 milésimas. Dihigo jugó 42 partidos con 142 veces al bat, disparó 55 imparables, de ellos seis jonrones, con 27 carreras impulsadas. Simplemente, era un portento de la pelota.
Todavía se dio el lujo de encabezar en tres ocasiones al circuito en ponches. En 1939 abanicó a 202, en el 42 a 211 y un año más tarde despachó a 134. La endemoniada velocidad que le imprimía a la esférica nulificaba a los bateadores.
Lazaro_Salazar
No era príncipe, era un rey
Un caso similar acontecía con Lázaro Salazar. El llamado “Príncipe de Belem” era un excelente serpentinero. En 1939 fue el máximo ganador de la Liga Mexicana con 16 victorias, además, en su calidad de manager le dio el título a los Cafeteros de Córdoba.
Ese fue el primer gallardete para el manager cubano que más tarde iba a convertirse en el máximo ganador de todos los tiempos con siete conquistas. Pero en la campaña del 39 obtuvo uno de los lauros más importantes de su carrera, conquistando el título de bateo con la novena de Córdoba. Salazar le dio a la bola para .374 de porcentaje con 58 hits en 155 veces al bat, participando en 45 encuentros. Además conectó cuatro jonrones y produjo 33 carreras.
En 1945 tuvo oportunidad de conseguir una hazaña desde la lomita de lanzadores. El 10 de junio enfrentó a los Tecolotes de Nuevo Laredo y les lanzó juego sin hit pero con carrera, en partido de nueve innings realizado en Monterrey, con pizarra de 5-2.
Como manager, Lázaro llevaría al título al Veracruz en 1941 y luego le daría cuatro campeonatos al Monterrey, con tres de ellos consecutivos para hacer historia. El primero fue en 1943 y el tricampeonato de 1947 al 49, desde entonces a la fecha ningún otro manejador ha conseguido igualar su hazaña. Todavía en 1956 logró otro banderín comandando a los Diablos Rojos del México.
A 50 años de distancia de su último título obtenido, Lázaro sigue siendo considerado el mejor manager y Martín Dihigo el pelotero más completo de todos los tiempos. Los cubanos plasmaron una incomparable historia de calidad y triunfos en su brillante paso por el circuito veraniego. ¡Sólo ellos podían hacerlo!.
Foto 1: Martín Dihigo, el pelotero más completo de todos los tiempos.
Foto 2: Lázaro Salazar, el mejor manager en el beisbol mexicano.

miércoles, 15 de junio de 2011

CUANDO LA YERBA DE VERDAD ERA VERDE


Por Andrés Pascual

     
       Una vez, hace más de 10 años, en un terreno de pelota de Miami Lakes, una periodista americana de Televisión Pública nos convocó a Pedro Ramos, a Enrique Izquierdo, al ex pitcher amateur Pedro “Pico” Prado y a mí para que le dijéramos qué creíamos sobre la gestión del tirano en la pelota cubana; luego continuó con Jackie Hernández, Borrego Alvarez…
       El documental, que se llamó “Donde la yerba es más verde”, tenía detrás a algunas figuras procastristas americanas, como Peter Bjarkman, y lo completaron en Nueva York con entrevistas a José Valdivieso y Lorenzo “Habichuelas” Gómez; aunque de la participación del último no tengo seguridad. Ni Pico ni Izquierdo ni Pedro Ramos ni yo quedamos “vivos” luego del corte y la edición.
       La televisión pública americana quería una imagen adulterada del profesionalismo cubano para acomodar las loas a la caricatura de beisbol que juegan allá, hoy en absoluta fase de desaparición. Por lo que trataban de que fuera el glorioso profesional quien les dijera que aquellos a quienes ni conocían, no solo eran buenos; sino mejores que ellos.
      En 1936, un agente de Rafael Leónidas Trujillo viajó al campo de entrenamiento de los Piratas de Crawford con la encomienda de firmar para un campeonato a Satchel Paige. El contrato sería entre 6 y 15,000 dólares.  Recordando a Satch, Jimmy “Cool Papa” Bell dijo una vez: “si había dinero y un auto, iba a pie a la luna…”. Pero Trujilo le mandó más dinero al pitcher para que firmara a otras figuras del club de Gus Greenlee, entre ellas, al propio Bell y a Josh Gibson; Satchel llevó a otros 4 jugadores de los Piratas y Rodolfo Fernández otros dos; uno, de Kansas City y, el otro, del Cleveland Buckeyes. El resto de americanos incluyó a Herman Andrews, Sam Bankhead, Bob Griffith, Leroy Matlock, Cy Perkins y Harry Williams.
     Nueve jugadores sepias americanos y 9 cubanos que fueron Rodolfo y José María Fernández, dúo de hermanos estelares del beisbol de Ligas Negras y de la liga cubana; Tony Castaño (blanco), Cuco Correa, Silvio García, Rafael “El Viboreño” Quintana (blanco), Lázaro Salazar como manager-jugador; Miguel Solís y Huesito Vargas.
      Un solo dominicano, Enrique Lantigua y el boricua Orlando “Perucho” Cepeda, padre de Peruchín, integraron la novena que fue la unión de los clubes de la capital Escogido y Licey.
        Así se formó, en honor al dictador y con su dinero, el mejor club quisqueyano de todos los tiempos: Los Dragones de Ciudad Trujillo.
        Las Aguilas Cibaeñas tuvieron como principales estrellas al pitcher Chet Brewer, que perdió un juego contra Paige 2-4 sin permitir hits y a los cubanos Santos Amaro, Martín Dihigo, Luis Tiant padre; además, Juan Estando “Tetelo” Vargas, estrella dominicano de la época.
        La presencia cubana en las Estrellas Orientales fue con Julio Rojo, Pedro Arango, Carlos Blanco, Ramón Bragaña, Yoyo Díaz, Cocaína García, Alejandro Oms, Javier Pérez y Rogelio Terán.
        El calendario de juegos fue entre marzo 28 y julio 11 y lo ganaron los Dragones, que estuvieron 0-3 en las primeras tres de 7 series que jugaron; pero terminaron con 18-13 y las Aguilas con 13-15.
        Josh Gibson fue el champion bate con .453 y 21 empujadas; Làzaro Salazar llegó delante en triples con 5 y en anotadas con 31; Silvio García metió 14 biangulares, disparó 38 hits y compareció 128 veces al home plate; mientras que Dihigo y Santos Amaro se abrazaron con 5 jonrones cada uno. Satchel Paige terminó con 8-2 y Don Martín con 6-4.
        Esa campaña fue la última del beisbol en Dominicana durante 14 años; la caída del precio del azúcar y otros problemas económicos adversos provocó la ausencia. Cuando regresó, en 1951, por iniciativa de Tiant Tineo, de nuevo se copó de cubanos, pero descartados del Champion Invernal o del Beisbol Organizado.
        Si no observa en las relaciones de jugadores a Marrero, a Consuegra, a Isidoro León, a Natilla Jiménez, a Luis Suárez, a Napoleón, a Félix del Cristo, a Virgilio Arteaga, a Jorocón García, a Fleitas, a Roberto Ortiz, a Agapito Mayor, a Adrián Zabala… entre más de 50 estrellas, es porque pertenecían al circuito amateur; si tampoco a Estalella, ni a Fermín Guerra, ni a Gilberto Torres, ni a Juan Montero ni tal vez otros casi 100 profesionales blancos, fue porque pertenecían al Beisbol Organizado.
       Con esta historia, ¿Acaso cree alguien que, ni metafóricamente, esa yerba fue verde alguna vez después de 1961?


Oms jugó para Estrellas Orientales, Dihigo para Aguilas Cibaeñas y Salazar dirigió y jugó para los Dragones, en la foto, en traje de los New York Cubans

lunes, 16 de mayo de 2011

DIHIGO EN LA LIGA MEJICANA


Por Andrés Pascual

       Martín Dihigo fue uno de los cinco mejores y más completos peloteros cubanos de la primera mitad del siglo pasado; en Estados Unidos le llaman de cinco herramientas al que mantenga en niveles idénticos el corrido de las bases, el brazo poderoso, el fildeo en niveles estelares, el bateo y la inteligencia. Le acompañan Cristóbal Torriente, Lázaro Salazar, Silvio García y Alejandro Oms, aunque el último tenía el brazo de promedio a pobre. Ni Bienvenido Jiménez ni Pablo “Champion” Mesa, porque no bateaban como los mencionados, ni Esteban “Mayarí” Montalvo, un fenómeno fugaz que solo duró con condiciones superestelares cuatro años.
      El Inmortal está considerado el mejor jugador versátil que el juego haya conocido.
     Si algún beisbol le quedó a la medida a quien el cronista cubano Adolfo Fonst apodó El Inmortal hace más de 75 años, fue el mejicano. Nadie brilló tanto ni con tanta intensidad allí como el matancero, de hecho, fue el primero en lograr algunos de los récordes individuales para un nivel de juego que, durante la etapa que le tocó jugar, era competitivo.
      Tan grande fue el impacto de este jugador, que se le considera  factor de importancia de primer orden en la evolución del beisbol azteca a partir de 1938.
      A pesar de que desde los veintes la presencia cubana en la pelota de Méjico era de interés y clase, rubricada por Alcibíades Palma, Lolo Correa, Agustín Bejerano o el increíble Ramón Bragaña, incluso alguien considerado de “los padres” de ese beisbol, como Agustín Verde, no fue sino hasta la llegada de Dihigo para la campaña de 1937, que un jugador, de absoluta categoría inmortal, se desplazó por los difíciles diamantes de aquella pelota con la maestría que le llevó a Cooperstown y que, por su juego en la patria de Juárez, también le convertiría en una de las reliquias más preciadas del Templo situado en Monterrey.
      En 1937, con la cooperación del pitcheo magistral de Martín y de su despiadado bateo, el Aguilas de Veracruz se imponía en el circuito que, desde ese momento, se vistió de largo como pasatiempo de fuerza indudable y se convertiría en la verdadera segunda casa del pelotero cubano.
      El primer gran resultado de Martín Dihigo en juego sencillo en la Liga Mejicana, ocurrió el 15 de septiembre de de 1937 en el parque de la ciudad de Veracruz, cuando dejó sin hits ni carreras al  Nogales, en juego que concluyo 4-0 por el club de Jorge Pasquel; además, Dihigo contribuyó con sencillo y doble de dos carreras a su victoria. La trascendencia de este juego resultó porque fue el primer no hit no run que se lanzó en el circuito.
     La manaña del domingo 18 de mayo de 1938, en el ya inexistente parque Delta de la capital, se convirtió en el fundador del “Club de los 6-6”  al batear cuadrangular, doble y cuatro sencillos en la victoria del Aguilas sobre el Agrario 10-3.
     El sábado 29 de julio de 1939, en Veracruz, derrotó al entonces Carta Blanca de Monterrey 3-2 con 16 ponches propinados y cuando, una semana después, en apertura consecutiva el 5 de agosto, abanicó a 18 bateadores de los Alijadores de Tampico en victoria 6-3, se convirtió en dueño absoluto del récord de más ponches propinados en dos aperturas consecutivas, no solo para la Mejicana sino para todo el beisbol; pero el Libro Rojo de marcas del juego, injustamente, homologó como único el del Meteoro de los Indios de Cleveland, Bob Feller, cuando, ese propio año, el 10 de septiembre, dejó con la carabina al hombro a 10 bateadores de los Medias Rojas de Boston y, el 2 de octubre, a 18 de los Medias Blancas de Chicago totalizando 28 ponches, 6 menos que los 34 del Inmortal cubano.
     Martín Dihigo fue una de las figuras más destacadas y trascendentales del beisbol cubano, un ídolo genuino dentro y fuera de la Isla, sin dudas, el pelotero más importante de la Liga Mejicana en el período 1937-45; es decir, en el momento justo que más necesitaba ese circuito a un pelotero de clase semejante.
     Nadie ha prestigiado mas el calificativo de Imortal que Martín Dihigo, que lo fue de verdad y así se le reconoce en cualquier lugar en el que tuvieron el privilegio de disfrutar de su juego increíble.



Pie de grabado: El Dihigo le fue indispensable al desarrollo del beisbol azteca.