Bobby Valentine era catalogado como un gran jugador joven, al punto de que los Angelinos lo pidieron en cambio por Andy Messersmith, pero se lastimó la pierna buscando un elevado en 1972 y no pasó mucho tiempo para que su exmanager Tommy Lasorda tuviera que decirle que nunca sería un gran jugador. Bryce Florie estaba en el medio de lo que aparentaba sería una larga carrera como lanzador de Grandes Ligas, pero una pelota bateada por el medio del cuadro en el 2000 cambió todo eso, al igual que su visión.Yo conocí a Bryce en 1992, cuando jugaba en el equipo Clase A de la organización de los Padres, y casualmente estaba cubriendo el juego que terminó con su carrera -- fue lo peor que yo haya visto en un terreno de juego.Veinticinco años antes, cuando tenía 11 años, yo fui al Fenway Park para ver una doble jornada entre los Orioles y los Medias Rojas, con asientos detrás del plato. Tony Muser conectó una línea que golpeó a Dick Pole en la cara. En mi mente, yo todavía puedo ver a Pole retorciendose de dolor en el terreno; todavía puedo escuchar sus gritos. Hizo su último pitcheo en Grandes Ligas a los 27 años.La casualidad es el denominador común en todas estas historias trágicas, e incluso si Stanton no conoce bien la historia de Conigliario, o Thon, o Florie, ya por lo menos tiene un recordatorio de primera mano de lo efímera que es la vida en el béisbol.Antes de que se parara en la caja de bateo ante Fiers, él era el hombre increíble del béisbol, el toletero más cotizado en las mayores, el tipo que el resto de los equipos salivaban por él, el tipo que todo el mundo quería ver en el Derby de Caudrangulares en Minneapolis -- y no decepcionó, masacrando una pelota y enviándola a las gradas superiores. Pero en el momento en que recibió el pitcheo de Fiers en su rostro, todo esto cambio. Mientras Stanton permanecía en el suelo, nadie estaba pensando en si él se ganaría el premio de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional; lo que todo el mundo se preguntaba era: ¿Va a estar bien?Quizás Stanton se hizo esa misma pregunta también, o tal vez no; sólo él lo sabe. Pero han pasado 64 días desde que sufriera esas fracturas faciales, y levantara su mano para asegurarle a su padre que todo estaría bien, y en ese periodo de tiempo él cumplió 25 años, el pasado 8 de noviembre, y los Marlins le han dicho que están dispuestos a darle el contrato más lucrativo en la historia de los deportes profesionales en Estados Unidos.Los Marlins han sidoun hazmerreir durante gran parte de su existencia, y su estadio ha estado vacío durante gran parte del tiempo, en parte porque su nómina ha estado de forma consistente entre las más bajas en el deporte. Un aspecto de las discusiones contractuales con Stanton es el tipo de equipo que los Marlins pueden ser alrededor del toletero, y si hay algún tipo de lenguaje que se pueda agregar para abordar el deseo de Stanton de jugar para un equipo importante.Pero los Marlins ven a Stanton como su Cal Ripken, el ícono de la franquicia, y están dispuestos a pagarle más que a cualquier otro jugador en cualquier otra parte.Giancarlo Stanton ha sido afortunado de ver el béisbol desde todos los ángulos, desde la gloria de la caja de bateo, viendo como los fanáticos buscan sus cuadrangulares, y desde el terreno, con sus ojos cerrados, con voces a su alrededor intentando ayudarle mientras ninguno de ellos sabía en realidad si él iba a estar bien. Él ha sido el tipo en la camilla intentando asegurarle a su padre que todo estaría bien.Stanton es oriundo de California, y si se aguanta y se va a los Dodgers, él sería la versión del béisbol de Shaquille O'Neal, descomunal incluso en ese mercado -- una estrella. Si se va a los Cachorros, él podría ser el dueño de Chicago. Él podría ser un gran pez en el estanque más grande, en lugar de permanecer en la parte menos profunda de la piscina, en el escenario deportivo de Miami.Pero viéndolo desde su perspectiva, decirle que no a la fortuna de su vida sería algo bien, bien difícil.
BUSTER OLNEY / ESPN

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